viernes, 24 de agosto de 2007

Dejamos un expediente. Cada entrada y salida quedó registrada en ese viejo libro. Todos nuestros encuentros estan anotados, junto a la hora de entrada y salida. Nunca estabamos más de dos horas en este lugar, pero lo frecuentabamos bastante. En cada huida me sentia observado, ya no habia seguridad en nuestros encuentros.

De un día a otro cambie el lugar, sentia que ese rincon ya no me pertenecia, además ya me tenia un poco aburrido, era un poco humedo, poca luz y los colores no eran muy vivos. Decidí que mi lugar era unos metros más alla, donde si habia sol y la humedad era aceptable. En el primer encuentro, todo fue normal mi adaptación en este nuevo habitat fue inmediata, sentia que siempre habia pertenecido a ese lugar, que solo habia vuelto a mi lugar de origen.

Mi segundo encuentro con este nuevo lugar fue divino, lo disfruté. Senti que no solo yo habia disfrutado, si no que mi pequeña compañia, que en el antiguo lugar estaba poco presente, por los problemas de luz ya antes mencionados. Pero ahora mi acompañante estaba ahi, me hablaba y me trastornaba. Ese encuentro fue inolvidable, descubri toda la figura de mi extraña compañia, que antes era imperceptible. Ya habia agarrado el gustito por este lugar.

El tercer y ultimo encuentro fue brutal, termino destruyendome. Mi loca compañia terminó por enloquecerme, me dejo solo en el ultimo momento. Me di cuenta que mi lugar no era más que un rincon, si un rincon de mi encierro, el rincon de mi propia celda. Mi compañia, me dejó luego de insistirme en mi suicidio, luego de insistir en que acabara drasticamente con mi vida. Obviamente lo logré, termine con mi vida. Lo unico que supe es que mucha gente llego a ese lugarcito, mucha gente como yo y mucha gente que cuidaba de gente como yo, gente que se habia trastornado.

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